domingo, 29 de marzo de 2009

La Virgen de la Tizná

Hace unos años unos jerezanos (de Jérez  del Marquedado, provincia de Granada) visitaron al rector de la parroquia barcelonesa de San Juan María Vianney, mosén Jordi Boltá, y le pidieron poder traer a su iglesia la imagen de la patrona de su pueblo. El párroco dijo que sí, pues le pareció una petición muy digna de ser bien acogida. Y los jerezanos desde entonces organizan cada año unas fiestas en honor de su patrona

Barcelona y Jérez del Marquesado: ¡Hace 40 años!

Granada, a día de hoy, sigue siendo la provincia andaluza que más emigrantes mantiene en Cataluña. A raíz de este tema escribía hace unos años Carolina Rodríguez para el Ideal de Granada: “el origen se remonta a las oleadas migratorias que dejaron medio vacía Andalucía por los años sesenta y setenta. Pueblos como Padul, Caniles o Jérez del Marquesado desplazaron a capitales como Barcelona o localidades como Sabadell a cientos de vecinos que han rehecho sus vidas a casi mil kilómetros de la Alhambra”…

Corría pues el año 1977 cuando en un autobús un puñado de devotos de la Tizná traía una reproducción al natural de la patrona de su pueblo: Nuestra Señora de la Purificación. Desde Sierra Nevada, desde un pueblecito llamado Jérez del Marquesado, sus hijos no querían quedarse sin su madre. El destino, favorecido por Mn. Jordi Boltá Cañellas, la parroquia de Sant Joan Mª Vianney.

Desde entonces todos los años (antes en septiembre y, últimamente, en junio) se celebra una novena a la Virgen en la parroquia barcelonesa. Y su actual párroco, Mn. Octavi Sánchez recibe al predicador o al actual obispo de Guadix-Baza, monseñor Ginés Ramón, como lo hiciera el párroco anterior, con los obispos que pasaron por la diócesis accitana: monseñor Gabino Díaz-Merchán; monseñor Ignacio Noguer Carmona o monseñor Juan García Santacruz.

Así que se cumplen este año 40 de la llegada a Barcelona de aquella imagen que se venera en una capilla, junto al altar mayor, de mi querida parroquia barcelonesa. En la mente resuenan las estrofas del himno compuesto por el Magistral Domínguez de la Catedral de Guadix en 1884.

Madre, el Verbo a ti sola te llama
Reina llámate a ti la creación,
y este pueblo ferviente te aclama
Madre, Reina y Purificación
Purificación, Purificación...



Este es el relato de por qué a la Virgen de la Purificación se la llama cariñosamente en Jérez de esta manera.

Ocurrió el 18 de junio de 1653, cuando, según el relato que se conserva en el archivo parroquial, por intercesión de Nuestra Señora de la Purificación, tres niños: Alonso, Juan y Bartolomé -que “quedaron como muertos” a consecuencia de un rayo caído en la torre del templo mientras tocaban a tormenta, “puestos ante la Santísima Imagen de la Purificación” y tras “clamores, llantos y súplicas que sus madres y otras piadosas mujeres hacían”, volvieron a la vida.

Aquel día, la imagen de la Virgen quedó tiznada en el rostro, como si de forma sobrenatural hubiera absorbido todo el daño causado a los pequeños por aquel rayo maldito y, desde entonces, se le ha conocido cariñosamente como La Tizná. Los jerezanos asumieron el “voto” de profesarle siempre una especial devoción, algo que se ha mantenido durante siglos hasta hoy.

(Este escrito se ha realizado a partir del que el P. Jorge López Teulón publicó en la web "Religión en Libertad", el 29 de marzo de 2017. 

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